• La salud mental en una entrevista con Manuel Desviat

    La salud mental en una entrevista con Manuel Desviat

    Manuel Desviat es un profesional de la salud mental, un psiquiatra “comunitario”, como él mismo describe, que ha trabajado desde la clínica a la organización y gestión de servicios, la docencia, la investigación… durante más de cuatro décadas. Con él hemos tenido la oportunidad de charlar en el marco del día 10 de octubre, día mundial de la salud mental.

    - En los últimos 30 años has tenido un papel relevante en la manera de atención de la salud mental en España. ¿Cuál ha sido tu aportación?

    He participado en los procesos de reforma sanitaria y de la atención sanitaria desde sus orígenes en  España, como miembro de plataformas y asociaciones profesionales y como director y gerente de servicios de salud mental, y en América Latina, especialmente en Brasil, como consultor de la OMS/OPS desde hace más de dos décadas. En España dirigí la desinstitucionalización del Hospital Psiquiátrico Nacional de Leganés y la creación de recursos comunitarios en la zona del sur metropolitano, participando en el proceso global de cambios en Madrid y en España, donde he sido, entre otras cosas, presidente de laAsociación Española de Neuropsiquiatría, miembro de la Comisión Nacional de la Especialidad… Si tuviera que definir mi aportación como profesional sanitario, editor de revistas y libros (Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, Psiquiatría Pública,Átopos; colecciones de libros: “Clásicos de la Psiquiatría”, Nieva;  “Básicos de la Psiquiatría”; DorSA; Salud mental colectiva, Editorial Grupo 5) o docente, sería el haber mantenido siempre una postura clara en defensa de la universalización de la asistencia, ladefensa de los derechos de las personas aquejadas de problemas psíquicos, los límites de la actuación profesional (no la curación a cualquier precio: los fines no justifican los medios); la necesidad de una mirada plural en la clínica y la psicopatología que tenga en cuenta lo subjetivo, lo social y lo político.

    - Estas han sido unas décadas de trabajo intenso y de desarrollo en el ámbito de la salud mental. ¿Qué se ha hecho en este tiempo y qué falta por hacer?

    La reforma psiquiátrica en España, puede decirse que ha alcanzado buena parte de sus objetivos, el hospital psiquiátrico ha perdido su hegemonía y se han creado redes de recursos más cercanos a la población e integrados en el sistema sanitario general, ambulatorios, hospitalarios y de rehabilitación.

    Por otra parte, hay un cambio en el imaginario social sobre la enfermedad mental, o en términos más actuales, sobre las personas aquejadas de sufrimiento psíquico. Las insuficiencias han estado en el hecho que la reforma sanitaria española se ha hecho a contracorriente de los vientos privatizadores que se inician en el Reino Unido en los años ochenta y en la política del Fondo Monetario Internacional. Ha quedado por hacer: el ir más allá de la atención individualizada, la salud pública colectiva, el avanzar en una clínica ampliada que recupera la subjetividad en lo social, y sobre todo, la implicación real en todos los niveles del proceso asistencial de la comunidad y de los usuarios. El mayor fracaso de la reforma sanitaria y psiquiátrica en España está en no haber sabido incorporar al proyecto comunitario a la población, que fuera aceptado y defendido como el modelo a seguir en la agenda social. Solo cuando los recortes en sanidad y la política de venta de hospitales han estado a punto de derribar el sistema público, la población ha empezado a tomar conciencia.

    - ¿Cómo ves el tema de la salud mental en Chile?

    Creo que Chile tiene ahora la oportunidad de profundizar en los cambios de la Reforma Psiquiátrica iniciada años antes. Tiene profesionales preparados y las condiciones políticas para ello, dos condiciones que considero indispensables. En Chile hay una tradición de salud mental comunitaria, iniciada con el gobierno de Salvador Allende, que a pesar del largo y criminal paréntesis de la dictadura, está presente en un grupo amplio de profesionales. Por otra parte, el equipo que lideran Rafael Sepúlveda y Mauricio Gómez Chamorro, tiene demostrada su capacidad y su implicación en los procesos de reforma. El proyecto para la salud mental, que he podido conocer en mis viajes a distintos lugares de Chile, es progresista, realista en su desarrollo, sostenible y cuenta con una buena  base de apoyo profesional. Los riesgos son que se posponga, ante otras urgencias en la agenda ministerial, sin haber llegado a establecer sólidas bases que hagan creíble el proyecto tanto a la población como a los profesionales.

    - En estos momentos eres coordinador de una colección de libros titulada “Salud mental colectiva” de Editorial Grupo 5. ¿Por qué ese título?  

    El título de la colección toma el nombre de una corriente  brasileña que parte de la salud pública, y que pretende ir más allá de  los principios de salud pública imperantes hoy en nuestro mundo occidental, que hacen más hincapié en la responsabilidad individual de los ciudadanos (estilos de vida…) que de los condicionantes sociales.

    - ¿Qué aporta esta colección al panorama de publicaciones en esta temática?

    La colección parte de una necesidad expresada en la introducción que aparece en la contraportada de los libros: servir de medio de expresión a los profesionales que están participando en la transformación asistencial, clínica y teórica de la atención a la salud mental en España y América Latina, pretendiendo avanzar en el conocimiento, e intervenir en el debate sobre el futuro de la salud mental, produciendo teoría desde la asistencia, que haga frente a la imposición de una psiquiatría y una psicología reduccionista que desconoce su historia y los principios teóricos que la constituyen.

    - ¿Cuál crees que es el mensaje del 10 de octubre, día de la salud mental, en este momento en el que nos encontramos y según tu experiencia de estos últimos años?

    El mensaje del día 10, al menos de uno de los mensajes que he visto, “Ponte en mi lugar. Conecta conmigo”, responde a un momento en el que, para muchos entre los que me incluyo, se ha llegado a la conclusión de que no es posible ya una práctica en salud mental que no tenga en cuenta a los usuarios. La salud mental tiene que estar centrada en el sufridor psíquico, no en la enfermedad. Surge el saber profano y la subjetividad como proyecto de futuro. Este es el desafío del futuro.

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